lunes, 11 de abril de 2016

UN DEMENTE ENAMORADO - Ximena Lora - Angie Diaz

UN DEMENTE ENAMORADO 

Basado en hechos reales que pudieron nunca haber ocurrido:
Introducción:
Una de las razones más importantes para contar una historia, es lograr que la persona que la lee se sienta identificada y así mismo pueda identificarse con alguno de los personajes o situaciones de la historia, esta historia es distinta, los hechos narrados a continuación rayan en lo absurdo, la realidad estará distorsionada al punto de perder el sentido, el lector encontrará que lo que leerá a continuación será tal vez una de las cosas más ridículas con la que se haya encontrado en su vida entera. Se recomienda total discreción, puesto que deberá entender el ávido lector, que la persona que escribe, tiene problemas serios, profundos y se encuentra ahogado en el propio vómito de su cerebro; y está atrapado dentro de si mismo: no para protegerse de los demás, sino para proteger a los demás de sí mismo. 

Primero, lo primero, ya que segundo viene lo segundo, empezaré por hablarles un poco de mí, no les diré mi verdadero nombre, porque mi verdadero nombre es un secreto que sólo comparto con las personas que más me importan. (Ni siquiera mi propia madre lo sabe y es probable que yo tampoco), pero pueden llamarme: "H”, soy un tipo sencillo; cuando las personas hablan de sí mismas, tienden a contar aquello que les gusta porque sienten que los representa, al contrario yo creo que lo que más me representa, son las cosas que odio profundamente, podría enumerarlas, pero nunca pararía, soy una maquina de odio, siento odio hasta por el odio, pero entenderá usted que estar atrapado tiene sus desventajas.

Como dije al principio, primero, lo primero: Nací hace un par de años, la fecha exacta desearía olvidarla, tuve una infancia como la de cualquier otra persona, crees que tus padres son dioses que están allí para cuidarte, y cuando creces te das cuenta que ellos no son omnipotentes y tienen que inventarte un Dios para que no pierdas tus esperanzas e ilusiones y creas que todo esto tiene sentido, pero no lo tiene.

Para este momento se estarán preguntando: “¿Dónde están las barrabasadas?” “¡Exijo mi dinero!”, “¿Qué mierdas hago leyendo esto? desearía estar muerto”, bueno señor lector, lo invito a que lea entre líneas, y no precisamente líneas de cocaína. (Decirle al lector que lea entre líneas, lo hace esforzarse para descubrir el significado profundo detrás de un montón de basura, ejemplo: pude haber tomado varias palabras y/o frases de un periódico o revista, meterlas en una bolsa, y sacarlas al azar, luego poner un par de conectores retocarlas un poco, y: ¡VOILÁ!, tendría mi propio texto profundo que representaría absolutamente nada, pero que usted querido lector, le daría sentido, eso mismo haremos aquí, sacar un montón de frases de mi cabeza, ponerle conectores y: ¡VOILÁ!)

Hace un par de meses volví a nacer, me encontraba sin rumbo por la vida como la mayoría de ustedes, esperando un “nuevo día” aunque todos sabemos que es igual, tratando de vivir la vida de alguien más, atrapado en el ensimismamiento, pero algo me golpeó en la cara, un autobús. Desde entonces descubrí que la fórmula para mi felicidad, es saber que 
en un universo infinito, e inclusive en el mismo planeta tierra, no soy absolutamente nada ni represento un cambio o significo algo. A raíz de esto nace la historia que narraré, el lector disculpará mi falta de adherencia y cohesión, pero deberá entender, que me importa una mierda corregir.

El viejo ventilador Westinghouse carraspeaba con fuerza, sus aspas carcomidas por la herrumbre se retorcían en una noche de calor húmedo, el aroma acre del óxido me arrancó de la somnolencia, desesperado, intenté recoger los fragmentos de mi sueño roto pero era tarde. La brea negruzca de la realidad había empezado a filtrarse por las enmohecidas paredes y acabó por inundarlo todo. Era el 26 de octubre de una primavera que hedía a vida, y como cada día desde que eso pasara hace 4 años, en unas horas tendría que encontrármela de nuevo.

El primer halo de luz solar atravesó mis ojos como una flecha de fuego, ante mí se abría la avenida de mayo. Un puñado de árboles adustos eran los últimos testigos de la gloriosa esterilidad del invierno que concluía. Ahora la vida se hacía paso como una peste virulenta. Aceleré el paso hasta descender en las entrañas del subterráneo, aspirando fuerte llené mis pulmones del embriagador perfume a madera podrida de la línea A. y fue entonces cuando la vi. Nos saludamos como se saludan un par de extraños y caminamos hasta el Tortoni que estaba repleto de personas cuyas conversaciones jamás serán oídas y estarán perdidas para siempre como el ruido de las olas. Nos sentamos, ella ordenó un capuchinno, yo sólo encendí un cigarro. Nos miramos largamente sin musitar palabra alguna… Al cabo de quince minutos rompí el silencio abruptamente con una sola palabra: - ¡SOL!, grité, ella acostumbrada a mis continuos ataques de espontaneidad, se limitó a prestarme atención, avivó sus ojos y continué:
- Sol, dije en voz baja… - La soledad del sol, que solos estamos los soles, rodeados de planetas, de planetas tan distintos a nosotros, solamente brillando para ellos, nos necesitan ¿pero les necesitamos nosotros? distantes de nuestros iguales, estamos condenados a morir en soledad y jamás conocer alguna estrella igual a nosotros, porque ellas se encuentran rodeadas y lejanas en sus propias galaxias, yo doy luz, ¿pero quién me da luz a mi?.
 - ¿Y yo qué vengo siendo? Preguntó, y a pesar de su cara inexpresiva, tenía los ojos muy abiertos.
 - ¿Tú? tú eres una luna, tú reflejas mi luz, pero no hacia mi, hacia los demás. Eres el espejo retorcido de mi alma, y llegado el momento te haré añicos diluyendo mi existencia en tu sangre, perdiéndome a mí mismo para siempre.
- ¿Sigues viendo al doctor? Pude notar que no le gustó mi respuesta, tal vez esperaba que le dijera que ella era esa otra estrella, pero no, no lo era, ella era frágil, era débil y no la quería dañar.
- ¿Piensas que no hablo en serio? 
- Sé que hablas en serio, sé que puedes herirme, ya lo has hecho.
- ¿Por qué me buscaste después de tanto tiempo?
- Tal vez a mi vida le hacía falta un poco de emoción, tal vez tanta "cordura" aburre.
- Tal vez deberías entender que realmente es estoy demente.
- No estás demente.
- ¿Entonces meter ratas en la licuadora no es un síntoma de demencia?
- Meter ratas en la licuadora es un síntoma de que estabas drogado.
- Hace cuatro años... Me acompañaste al psiquiatra, oíste lo que dijo; entiende que es peligroso estar conmigo.
- Entiende que me importa una mierda.
- Alisson, no vamos a volver.
- Independientemente de si me harás daño o no, ¿realmente no quieres volver conmigo?. Vi que su mirada se apagó.
Tuve que pensarlo dos veces, debía decidir si mentirle y mantenerla a salvo, o decirle la verdad, decirle que lo último que quería era estar lejos de ella, pero hacerla añicos y perder lo único que me mantenía con vida.
- No quiero regresar contigo.
- No sé qué hago aquí perdiendo mi tiempo.
- Yo tampoco lo sé. 
- ¿Por qué debes ser tan frío? 
- Porque es lo que siento, lo lamento, pero no puedo fingir que aún me importas.

La vi salir de esa cafetería, ni siquiera se despidió, no esperaba que lo hiciera, pero lo hubiese preferido, tal vez así no me sentiría tan culpable. Lo minutos después de eso me han perseguido por años, todo fue en cámara lenta, la vi ser aplastada por un automóvil que pasaba, el sonido de su cráneo bajo las ruedas fue parecido al de la gente masticando palomitas de maíz en el cine, toda su sangre salpicó a cada transeúnte en unos 3 metros a la redonda, rezumando en un solo y gigante charco rojo. El rostro de ellos se volvió sombrío, su indiferencia en máscaras de asco y sus miradas inexpresivas en un gigante: “Por qué sigo con vida?”. 
No entiendo cómo he sobrevivido todo este tiempo, aunque realmente no sé cuánto tiempo haya pasado exactamente, ¿Una semana?, ¿Un mes?, ¿Diez años?; Dicen que si el sol se apagara tardaríamos ocho minutos en darnos cuenta de ello, tal vez han transcurrido sólo siete minutos y por eso no logro comprender lo que pasó. A veces pienso “¡Desearía estar muerto, maldita sea!”, pero luego recapacito y me digo "Mierda, ya estoy muerto por dentro."

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